La historia comenzó en 1998, cuando Víctor diseñó su primer proyecto —Plaza Milenio— mientras aún cursaba la universidad, y lo construyó en 1999. Al terminar la carrera no hubo pausa: en 2000, junto con la apertura de la plaza, nació el despacho, en un espacio del propio edificio, sin trayectoria previa y con el compromiso completo de sostenerlo. Ese inicio definió la esencia del estudio: aprender construyendo, resolver con claridad y diseñar desde la experiencia real. Lo que hoy llamamos oficio comenzó ahí, en obra, decisión por decisión.
Desde entonces, Plaza Milenio alberga nuestro despacho. Hemos crecido dentro del mismo edificio donde todo empezó. Esa continuidad tiene un nombre: permanencia.
Los primeros años estuvieron marcados por una actividad intensa. Lofts JC, el Edificio GD y otros encargos llevaron ese aprendizaje a una escala más compleja y consolidaron una identidad propia —luz controlada, proporción clara y honestidad material—. Programas distintos, mismo rigor y la misma sobriedad que aún reconocemos como nuestros.
En 2004 se incorporó Elizabeth Muñoz. Su formación artística y su sensibilidad transformaron la manera de concebir y mostrar cada proyecto, hasta volverse parte esencial del ADN del estudio: la atmósfera, la materialidad y el interiorismo. Hoy, como cofundadora y directora estética, su mirada complementa el trazo y la claridad arquitectónica de Víctor.
Los años siguientes fueron de evolución y madurez: proyectos de distintas escalas, un estilo que se depuró hacia lo sobrio y lo atemporal, y clientes cada vez más afines. Hoy el estudio trabaja con una visión más clara y precisa, enfocada en lo esencial: menos ruido, más intención; menos dispersión, más profundidad.
Nuestra historia no es una línea recta, sino una depuración constante hacia la claridad, la sobriedad y la permanencia.
Creemos en una arquitectura que acompaña la vida cotidiana: clara en su estructura, precisa en su ejecución y serena en su presencia.
La tecnología está al alcance de cualquier despacho. Lo que no se puede copiar es la sensibilidad que la guía.
Hogares que dentro de cincuenta años sigan siendo tan luminosos y serenos como el primer día.